SOMBRAS ERRANTES, LAS

SOMBRAS ERRANTES, LAS

Editorial:
LA CIFRA
Año de edición:
Materia
Novela
ISBN:
978-970-95326-2-3
Páginas:
159
Encuadernación:
Rústica
Estado:
Sin stock
17,50 €
IVA incluido
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El hombre ante la escritura, ante el lenguaje, es un ser deseante. Que busca la imagen que invocan las palabras. Pero la mirada es oblicua. Es una mirada paradójica, porque el objeto que busca es invisible. Se encuentra en la historia de los lenguajes y las concepciones de mundo que esto encierra. La literatura de Pascal Quignard es así. Trata de encontrar la escena faltante, la que está atrás del fragmento que escribe y del ajeno que recupera para completar el sentido que "está ahí". Su escritura es como un Narciso que ante lo que ve quiere sumergirse. Al tiempo que se pierde en ese cuerpo lejano, que bien puede ser el de un fresco en la antigua Roma o un extracto de un libro de Lucrecio. En sus libros hay un dejo de lejanía. En Las sombras errantes reúne una serie de lecturas que conforman una suerte de paisaje de lo invisible. Siagrio, el último emperador de los romanos, ante la caída de la hoja sobre su cuello, se hace una pregunta insólita. El carácter enigmático de esa formulación activa una serie de imaginarios que van delimitando los cuerpos de los que las sombras se desprenden en trazos trepidantes. "Busco pensamientos que tiemblen", que hacen temblar, en consecuencia. La historia del pensamiento a lo largo de la humanidad ha puesto en claro que su relación con el tiempo no acontece en ningún tipo de progreso, o avance. Se da en forma disgregante, fragmentaria. Deja de lado cualquier ambición totalitaria. La escritura, en un sentido que Quignard entiende, va en contrasentido a los valores que ha creado occidente. Es el contrasentido y contrapeso necesario. La pregunta que pronuncia el último emperador de los romanos da cuenta de ello. La ferocidad de la luz requiere también del peso de la sombra. Habría que renunciar a la libertad, sugiere, para poner en crisis a los estados. Como habríamos también de abandonarnos en la lectura y en la escritura. En el conocimiento de la mentira. En la soledad para dejar de ser individuos civilizados. En los silencios tibios, para volver a pensar. Amar las diferencias, buscarlas, incluso.

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