En diálogo con Tania Favela y con Esther Peñas también nos hablará sobre sus traducciones de Haroldo de Campos, Paulo Leminski, Sousândrade y la importancia de la poesía brasileña.
Nuca, etc.
En estos textos el pensamiento es una irrupción –no un desarrollo premeditado, no un bajar de líneas–, un deambular entre los meandros de una lengua a la espera del deslumbramiento, del chispazo espontáneo fuera de toda norma o expectativa. Se piensa y al mismo tiempo se descree del pensamiento, de su manía coherentizadora y descifrable. Se piensa también por acumulación y asociación de pequeños instantes (experiencias/sensaciones/matices) sugeridos por la materia del propio texto.
Contra la retórica de los especialistas, Reynaldo Jiménez ensaya una escritura de lo tentativo e inocente: la danza, lo informe, una pintura de Fra Angelico, una aproximación a José María Eguren, etc. «Si hay algo que se fuga de continuo», escribe, «eso es el sentido», una especie de desvío que provoca la percepción oblicua del objeto (si es que hay objeto), una intuición más que un conocimiento dado, en términos estrictos. Y quizás, como producto de este desfase, Jiménez parece hilarlo todo con precisión, con un rigor que supera la comprensión lógica-causal para rozar el jeroglífico, el canto, la plegaria, la écfrasis –no descriptiva sino sensible y tonal–, los movimientos respiratorios de cada frase.
Si las nociones más clásicas sobre el ensayo –desde Montaigne a Lezama Lima– sugieren un modo de la escritura devenida en pensamiento –no como producto, remanente o medio, sino como materia textual–, aquí el gesto se radicaliza y se convierte en una especie de encantamiento, una pulsión magnética imposible de categorizar. Se trata, en todo caso, de una percepción sin centro ni continuidad, de una aprehensión por medio de la resonancia entre entidades y cierta temperatura estética-emocional. Se trata, también, de una escritura política –en tanto descrédito de los autoritarismos reguladores de la percepción: «el Estado, la Gramática, el Habla Local y sus arreglos, la Función, el Código»– pero sobre todo devocional, en la que la inocencia y la inseguridad se abren a las posibilidades de lo sensible.
Se diría, entonces, que la radicalidad de esta escritura no opera en sus procedimientos sino en su colocación, en cierta desconfianza hacia lo domesticable y establecido –«sólo la tolerancia ante lo inconfirmable permite andar percibiendo en las formas lo fulminante informe», dice–, una postura que deviene en trance, en éxtasis, en cierta afectación derivada del lenguaje mismo.
José Ojara
Reynaldo Jiménez. Lima, 1959. Reside en Buenos Aires desde 1963. Publicó Tatuajes (1981), Eléctrico y despojo (1984), Las miniaturas (1987), El libro de unos sonidos. 14 poetas del Perú (1988), Por los pasillos (1989), Ruido incidental/El té (1990.), 600 puertas (1992), La curva del eco (1998; 2008.), La indefensión (2001, 2010), Musgo (2001), Reflexión esponja (2001), Papeles insumisos de Néstor Perlongher (con Adrián Cangi, 2004), El libro de unos sonidos. 37 poetas peruanos (2005), Shakti (2005, antología y versión portuguesa de Claudio Daniel), Sangrado (2005), Ganga (2006, antología poética con selección de Andrés Kurfirst y Mariela Lupi), Plexo (2009), Esteparia (2012), El cóncavo. Imágenes irreductibles y superrealismos sudamericanos (2012), El ignaro triunfo de la razón (antología de Gastón Fernández Carrera, 2013), Informe (2014), Nuca (2015), Piezas del tonto (2016), La inspiración es una sustancia, etc. (2016), Intervenires (2016), Filia índica (2017), Ello inseguro (2017), Funambular (2017), Antemano (2017), Arzonar (2018), Olla de grillos (2018), Atrito (2021), Hontanar (2022) y Locuelas hechizas (2023). El primer tomo de su obra reunida fue publicada en 2019 con el título de Ganga I y el segundo tomo, Ganga II, en 2021. Tradujo del portugués, entre otros, Galaxias de Haroldo de Campos (2012; 2013, traducción y notas) y, del mismo autor, Transcreación. La práctica del traducir (2023); Los poros floridos (2001), Roza barroca (2016) y Moradas nómades (2019, antología) todos de Josely Vianna Baptista; Catatau de Paulo Leminski (2014, traducción y postfacio; reedición revisada, 2019 y 2023) y, del mismo autor, Ahora es que son ellas (2022); Instanto (2013) y Palabra desorden (2014) ambos de Arnaldo Antunes (traducidos junto a Ivana Vollaro) y El Infierno de Wall Street de Sousândrade (2015; traducción y postfacio); del francés tradujo (y seleccionó) tres muestras poéticas de César Moro: Espejo ardiente y otros poemas (2016), Renombre del amor y otras versiones (2017) y Praderas temporarias (2017). Junto a Gabriela Giusti, creó y condujo tsé-tsé (revista-libro y sello editorial) entre 1995 y 2008. Integró en los ‘80 la “banda de artistas” El Invitado Sorpresa. Sus múltiples grabaciones solistas o en colaboración pueden encontrarse en https://reynaldojimnez.bandcamp.com/music. Participó en numerosos eventos performáticos y literarios, así como ha dictado talleres de escritura en Argentina, Alemania, Uruguay, Perú, Chile, Brasil, Ecuador, España, Estados Unidos, México, Paraguay, Venezuela y Costa Rica.
En Libros de la resistencia ha publicado los tres primeros tomos de su poesía reunida, Ganga I, II y III y el libro de poesía, Jana, los ensayos Intervenires, y traducido El infierno de Wall Street de Sousândrade, Transcreación y Galaxias de Haroldo de Campos y Catatau y Ahora es que son ellas de Paulo Leminski.