SUB LUCE MALIGNA

SUB LUCE MALIGNA. ANTOLOGÍA DE TEXTOS DE LA ANTIGUA ROMA SOBRE CRIATURAS Y HECHOS SOBRENATURALES

Editorial:
CONTRASEÑA
Año de edición:
Materia
Antropología
ISBN:
978-84-121551-6-7
Páginas:
368
Encuadernación:
Rústica
Estado:
Disponible
22,00 €
IVA incluido
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Esta antología de textos, pertenecientes a todos los géneros y épocas de la literatura latina, ofrece una compilación de pasajes relativos al oscuro y abigarrado catálogo de personajes y fenómenos sobrenaturales (espectros, casas encantadas, licántropos o muertos vivientes, entre otros) que poblaban los temores y las fantasías de la Roma de la Antigüedad, un asunto poco frecuentado por los manuales históricos al uso, más dados a reflejar una imagen augusta y estereotipada de aquella civilización. En el libro se dan cita casi todos los grandes autores de las letras latinas, como Virgilio, Horacio, Séneca, Ovidio o Cicerón, pero también otros menos conocidos, como Floro o Valerio Máximo. La antología incluye, además, una pequeña selección de textos anónimos en soporte epigráfico —cultos unos, populares otros—, entre los que cabe destacar una serie de maldiciones y hechizos amorosos, que sorprenderán seguro a buena parte de los lectores.
Y, como Dante, en esta pequeña aventura literaria de ultratumba también tendremos a Virgilio como guía. Al comienzo del libro sexto de la "Eneida", el héroe troyano y su compañera, la sibila, se disponen a cruzar las puertas del infierno; y, en tal trance, el poeta quiso explicar a sus lectores que estaban accediendo a un mundo cuya atmósfera teñía sutilmente el paisaje de colores extraños y en el que la realidad no significaba lo mismo que en el nuestro (al fin y al cabo, estaban franqueando los umbrales entre la vida y la muerte). Y, para evocar aquella experiencia liminar, Virgilio recurrió a una expresión ardua y algo chocante en latín, pues los describió caminando bajo una luz malvada y misteriosa (sub luce maligna) que anticipaba la del fantasmal enclave en el que estaban a punto de adentrarse. No podíamos haber elegido mejor divisa —ni más propicio compañero— para emprender con bien nuestra partida.