REVISTA ARCHIPIELAGO 44

REVISTA ARCHIPIELAGO 44. VEJEZ, DIVINO TESORO

Editorial:
ARCHIPIELAGO
Materia
Filosofía contemporánea
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Los llaman los panteras grises y, si creemos a los demógrafos, el futuro europeo es suyo. Dentro de 25 años en Europa será aún más evidente la presencia de los ancianos en calles, plazas y museos, pues se calcula que unos 85 millones de personas habrán cumplido 65 años o más. Ante esas previsiones los más emprendedores de los empresarios ya han comenzado a invertir en vejez: la vejez cotiza al alza en la bolsa de futuros.

Muy pronto la geriatría se convertirá en una especialidad de gran prestigio. Las universidades organizarán masters y cursos de postgrado para crear los más variados equipos de especialistas en esta singular etapa de la vida, identificada ahora como una enfermedad degenerativa. Seguros de vejez, planes de pensiones, especialistas en el ocio para la tercera edad, deportes que no requieran grandes emociones -como el golf-, alimentación sana baja en grasas y casi sin sal, aparatos para medir la propia tensión arterial o los índices de colesterol en la sangre, residencias confortables, incineraciones asépticas, por no hablar de las investigaciones genéticas para desvelar el misterio de la longevidad, conocerán sin duda en este nuevo siglo que comienza un éxito sin precedentes.

De hecho ya estamos en la pista de la inmortalidad pues se ha descubierto el papel que desempeñan los radicales libres de oxígeno, subproductos del metabolismo, que son muy agresivos con el material genético. El descubrimiento realizado por un grupo de investigadores ingleses y norteamericanos se ha experimentado en un gusano, al que los especialistas han bautizado con el original nombre de Caenorhabditis elegans. Una molécula que protege contra el estrés oxidativo ha permitido alargar la esperanza de vida del mencionado gusano en un 67%. El elixir de la eterna juventud está por tanto a la vuelta de la esquina. A los curiosos científicos únicamente les falta por recorrer el camino que va de los gusanos a los seres humanos. El problema estriba en que, si bien los oxidantes son sumamente peligrosos para las células y el ADN, se sabe que también los glóbulos blancos se sirven del anión superoxidante para neutralizar en la sangre a los agentes infecciosos. No obstante todo se andará. De momento los genetistas aspiran a equiparar a los seres humanos con las tortugas gigantes que a los cien años están en la flor de la edad: una cierta capacidad de resistir a los choques físicos y psicológicos y una cierta confianza en uno mismo constituyen, según los expertos, los principales rasgos psicológicos de las personas centenarias. Sin duda el duro caparazón de las tortugas gigantes y su aire de indiferencia a todo lo que las rodea les permite vivir ciento cincuenta años.

El discurso dominante sobre la vejez es en realidad un discurso social biologizado que tiende a naturalizar la vejez para mejor olvidar o negar su naturaleza sociopolítica. Al naturalizar la vejez nos olvidamos que una buena parte de nuestros semejantes pasan su corta y explotada vida arrastrándose como gusanos mientras unos pocos sueñan con la inmortalidad.

Archipiélago acude una vez más a su periódica cita con sus amigos y lectores para intentar cuestionar los discursos y las prácticas dominantes relativos a la vejez. Conscientes de que el cuidado con el que una sociedad se ocupa de sus viejos es el mejor instrumento para evaluar el grado y la calidad de su cohesión social, nos hemos acercado a los ancianos, hemos hablado con ellos, hemos sido copartícipes de su desarraigo y de su soledad, pero también hemos avivado sus recuerdos y sus olvidos porque los viejos son nuestra luz de la memoria.

En los textos aquí recogidos hemos intentado evitar tanto la romantización de la llamada eufemísticamente tercera edad, como el tono demagógico, panfletario y justiciero. Conscientes de que en nuestras sociedades los prismas dominantes de aproximación a los viejos son el naturalismo biologicista y el economicismo neoliberal, hemos intentado potenciar diferentes aproximaciones críticas a los problemas que viven los viejos desde la perspectiva de las ciencias sociales: desde la historia a la antropología, y también, desde la sociología a la psicología social. Surgen así discursos antinormativos e intempestivos que ponen bien de manifiesto que la amnesia es uno de los grandes males que afectan a nuestras sociedades. Hemos recurrido a análisis regidos por una voluntad de buscar la verdad, a análisis destinados a avivar los recuerdos apagados y a desenterrar los olvidos censurados, pero este compromiso con la verdad no ha sido un obstáculo, sino más bien un incentivo, para asumir también un discurso ético, estético y político en favor de la vejez, un tesoro divino, pues los viejos animan tanto la memoria como la conciencia colectiva sin las cuales ninguna sociedad puede subsistir.