HOLA, MELÓN

HOLA, MELÓN. EL GRIFO DEL ROMPEOLAS

Editorial:
E.D.A. LIBROS
Año de edición:
Materia
Ciencia ficción
ISBN:
978-84-92821-97-6
Páginas:
536
Encuadernación:
Rústica
Estado:
Sin stock
19,90 €
IVA incluido
Consultar disponibilidad

Entre El Señor de los Anillos y La Verbena de la Paloma, el camino intermedio también es un despropósito épico-costumbrista y lo tiene usted en sus manos: Hola, Melón. Esta nueva obra de Cristóbal Ruiz es una novela de hobbits castizos y de un grifo mágico de cerveza, El Grifo del Rompeolas. El mito cómico de un barrio, Lavapiés, y su sangriento desmentido hacia delante Castellana arriba, a por el mito plutócrata de otro barrio, el de Salamanca, Mordor, donde el Ojo de Saurón es el monóculo de un marqués. Y en medio de todo su caos, unos sentimentales sicarios colombianos y un huérfano ante el que Dickens habría carraspeado, como mínimo: Damián, el melón. Con siete años, el primer regalo que le pidió a los Reyes Magos fue un gintónic. Y no se lo trajeron. Qué iban a entender unos concejales de mierda de la importancia de ese combinado.
Hola, Melón es tanto un mosaico emocional como un apunte de partitura de la polifónica naturaleza del barrio madrileño de Lavapies. El Mercurio, su periódico libertario, se la explica así: Aunque dudamos de que lo entiendan, el alma de este barrio es lo que hace fresco algunas mañanas, cuando sales recién duchado a la calle y te estremece esa nitidez en las esquinas alerta. Aunque no nos van a hacer caso, el alma de este barrio ni se sitia ni se cachea. Aquí, cuando hace calor, lo hace de cojones; cuando hace frío, caen los viejos como pajaritos. Si hay boda, se celebra; si hay entierro, también: la vida sigue, la cerveza se mea y, de vez en cuando, cae una gamba. Solo le reconocemos al estado la Nochevieja, el alcantarillado y la Operación Retorno. Sólo le reconocemos a Dios algunas mañas. ¿Que suena una sirena? Pues bomberos, ambulancia o policía. ¿Que suena una tambora? Pues senegaleses, okupas o el corazón de la María, que está enamorada de Seve hasta las cachas. Los camareros, discretos; los borrachos, solventes; las mujeres, guapas; y los amigos, a muerte.