EL SOCIALISMO EN EL BANQUILLO DE LOS ACUSADOS

EL SOCIALISMO EN EL BANQUILLO DE LOS ACUSADOS

Editorial:
FUNDACION FEDERICO ENGELS
Materia
Política e historia
ISBN:
978-84-16285-61-7
Estado:
Disponible
15,00 €
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El socialismo en el banquillo de los acusados, o en inglés Socialism on trial, reúne las actas del interrogatorio a James P. Cannon, secretario general del Socialist Workers Party (SWP, Partido Socialista de los Trabajadores), durante el juicio que la administración Roosevelt organizó contra los trotskistas norteamericanos en 1941 y que acabó con la condena de 18 dirigentes del partido.

El proceso judicial puso en evidencia el temor de la clase dominante al avance de los trotskistas tras dirigir la impresionante lucha de los camioneros de Minneapolis en 1934 y conducirla a la victoria. En esta huelga, que implicó a miles de conductores y trabajadores del sector, los militantes de la Communist League of America (CLA, Liga Comunista de América) —nombre de la organización trotskista en aquella época— libraron una batalla sin cuartel por el derecho a la sindicación, por la reducción de las extenuantes jornadas de trabajo, por descansos y salarios decentes.

Constituyendo un comité de huelga con representantes elegidos democráticamente y revocables en todo momento, animando constantes asambleas para debatir y decidir, publicando un boletín diario que informaba de todos los aspectos de la lucha —The Organizer (El Organizador)—, implicando a la población en la solidaridad activa y de manera muy destacada a las mujeres, creando una potente caja de resistencia, comedores populares, recogida de alimentos y ropa… los dirigentes de la CLA transformaron la rama local del sindicato de camioneros de Minneapolis, el Local 574 de la International Brotherhood of Teamsters,[1] en una fortaleza obrera.

La lucha de los teamsters superó todo tipo de adversidades y logró resistir la violencia de la patronal. Miles de trabajadores organizados por el sindicato y la CLA se enfrentaron el 21 y 22 de mayo de 1934 a las fuerzas combinadas de la policía y los «alguaciles» —las guardias blancas creadas por la «Alianza Ciudadana» y los patronos—. En la conocida batalla de la plaza del mercado de Minneapolis, los obreros obtuvieron un sonoro triunfo y derrotaron a sus agresores.

Obviamente este hecho no fue pasado por alto. Cuando la huelga se reanudó, los empresarios, la policía, los sectores reaccionarios de la ciudad y las autoridades del estado volvieron a la carga, pero esta vez con consecuencias sangrientas. El viernes 20 de julio de 1934, la policía disparó contra 67 personas, la mayoría miembros de piquetes pacíficos pero también ciudadanos que paseaban. Dos trabajadores murieron y la indignación se extendió por toda la ciudad. Aquel «viernes sangriento» fue respondido por una manifestación multitudinaria de más de 40.000 obreros y sus familias, que desfilaron el 24 de julio en el funeral del primer trabajador asesinado.

Ante esta demostración de fuerza, el gobernador del Estado impuso la ley marcial y movilizó a 4.000 efectivos de la Guardia Nacional. Inmediatamente, la sede del sindicato fue ocupada militarmente y numerosos líderes y activistas fueron detenidos. Pero la brutal represión no logró quebrar la unidad y determinación de los huelguistas. En el mes de septiembre, el Local 574 se alzó con una victoria histórica. Sindicalizando a miles de trabajadores, demostrando cómo se podía ganar una huelga tan dura, la autoridad y el prestigio de los trotskistas aumentaron extraordinariamente.