Por un Republicanismo Socialista
Domenech , Antoni
Antoni Domènech fue un antifilisteo extremista. En el muy preciso sentido de querer o saber valorar las cosas por sí mismas. No tenía en muy alta consideración, aunque pudiera reconocer otros méritos, la investigación sobre el republicanismo o sobre cualquier otro tema que le importara como el socialismo, la filosofía y la ciencia, como un medio instrumental para otra cosa, par...
Sinopsis
Antoni Domènech fue un antifilisteo extremista. En el muy preciso sentido de querer o saber valorar las cosas por sí mismas. No tenía en muy alta consideración, aunque pudiera reconocer otros méritos, la investigación sobre el republicanismo o sobre cualquier otro tema que le importara como el socialismo, la filosofía y la ciencia, como un medio instrumental para otra cosa, para hacer carrera académica, para publicar libros, para ser reconocido por ello. Como explica Daniel Raventós en el prólogo a esta antología, «apreciaba la investigación por sí misma y por lo que históricamente el republicanismo democrático había representado, y seguía representando, en las luchas contra todo tipo de dominación y opresión». En esta compilación puede encontrarse una imprescindible selección de artículos, conferencias y entrevistas de Antoni Domènech con un factor común: el hilo rojo que va del republicanismo democrático al socialismo.
Antoni Domènech (1952-2017) fue un filósofo barcelonés que, desde muy joven, militó en la resistencia clandestina antifranquista desde las filas del PCE-PSUC, partido con el que rompió ya en los años ochenta del siglo pasado. La deriva del eurocomunismo y la aceptación de la monarquía heredera del franquismo por parte de este partido fueron parte de las razones de su ruptura. Otra importante razón de ruptura: el hiperrealismo de aquel partido. Su memorable sentencia sobre el hiperrealismo merece ser enmarcada: «Una izquierda no filistea, es decir, una izquierda que quiera ser realista, sensata y radical a la vez (de otro de mis maestros, Manuel Sacristán, aprendí la inolvidable lección de que, en la política como en la vida cotidiana, contra toda apariencia filistea, quien no sabe ser suficientemente radical, acaba siempre en la penosa insensatez del hiperrealismo mequetréfico) tiene hoy que aspirar a desarrollar políticas que sean más ambiciosas en el medio y en el largo plazo y, a la vez, más adaptadas a las presentes circunstancias». Sus principales maestros, según manifestó muchas veces, fueron Manuel Sacristán y Wolfgang Harich.
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